Llegué desde muy lejos para decirme que no temiera la lluvia. Que de quién debía desconfiar era del sol y de todo lo que reluce demasiado. Que amara a quienes brillan por su presencia. Que saliera y me empapara de la vida. Porque lo peor que podía pasarme era secarme por dentro y por miedo. Que me dejara no crecer tan rápido y equivocarme de nuevo. Y mucho más. Porque al final, sólo recordaría las veces que acerté y jugué a sonreír.
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