16 de enero de 2015
Destroza dos
Y volar para contemplar mejor las miserias humanas. Ver con perspectiva en qué habíamos destrozado nuestras vidas. Y colarte por la ventana del único ser aún vivo. Y destrozar la tuya con él
19 de diciembre de 2014
Esperación*
Lo difícil de vivir es no hacerlo bien. Es saber quedarte sin aire ni palabras. Y cuándo. Es saber perder la cabeza, y el cuerpo entero. Y por quién. Es quedarte sin respiración pero con dignidad. Y eso no hay ciencia que lo enseñe.
Porque puede que, a veces, sólo la desesperación nos impulse a actuar. Puede que la desesperación sea como una borrachera de miedo y descontrol, que hace que creamos que no podamos más, aun pudiendo. Porque si no, no seriamos capaces. Y la buscamos. Deseamos secretamente, llegar a ese estado de pánico escénico a la vida, a esa especie de enajenación mental que nos impide pensar con claridad y que nos obliga a resquebrajarnos y a caer. A perder la cabeza y hasta el alma. Y a olvidar todo lo demás. Porque lo difícil de vivir es hacerlo viviendo.
Porque puede que, a veces, sólo la desesperación nos impulse a actuar. Puede que la desesperación sea como una borrachera de miedo y descontrol, que hace que creamos que no podamos más, aun pudiendo. Porque si no, no seriamos capaces. Y la buscamos. Deseamos secretamente, llegar a ese estado de pánico escénico a la vida, a esa especie de enajenación mental que nos impide pensar con claridad y que nos obliga a resquebrajarnos y a caer. A perder la cabeza y hasta el alma. Y a olvidar todo lo demás. Porque lo difícil de vivir es hacerlo viviendo.
*Dícese del que desespera sólo esperando.
11 de diciembre de 2014
Numerología
Poder contar con alguien.
Hasta el infinito.
Aunque no recordéis ni un sólo número.
Eso era el amor.
Hasta el infinito.
Aunque no recordéis ni un sólo número.
Eso era el amor.
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29 de noviembre de 2014
Aunque quieran
Alguien dijo que a veces a la vida se le escapa un milagro de las manos. Y tú fuiste mi milagro. Y mis manos. No porque me salvaras sino porque nunca lo hiciste, ni lo prometiste. Porque me enseñaste a no necesitarlo. Y a bailar aunque me sintiera pequeña.
Lo que no dicen es que te tuve que querer por miedo. Miedo a que tú ya no lo hicieras. A que pudiéramos volver a soportar nuestras miradas sin acabar sonriendo. ¡Y qué feo eso! A que dejaras de abrazarme. O a que ya no me tocaras ni riñeras por mi enredado pelo. Que dejáramos de ser nosotros y sólo fuéramos cualquier ellos. Miedo a seguir durmiendo juntos y despertar separados. A ya no más contar el tiempo en canciones.
Y fuiste mi milagro porque me despertaste, porque querías que yo nos quisiera, sobre todo a mí. Incluso más que yo. Porque eras lo contrario a lo que decías, y por supuesto, al amor. Y debes saber que a veces a la vida no se le cuelan más milagros. Y que quizás yo también fui el tuyo. Aunque nunca lo creyeras. Puede que los demás no sepan la distancia a la que tienes el corazón, ni lo invisible que parece. Pero yo sí. Igual que hay quien no sabe llegar y sacarnos de golpe todas las sonrisas atrapadas. Aunque quiera. Ni provocar esa sensación de qué sé yo, ese deseo nada sutil e impropio de mí, de querer acurrucarme entre tus brazos y quedarme ahí a vivir. Las veces que sean. Fuimos un milagro. Y los milagros no existen. Aunque a veces a ellos se les escape la vida entre las manos.
Lo que no dicen es que te tuve que querer por miedo. Miedo a que tú ya no lo hicieras. A que pudiéramos volver a soportar nuestras miradas sin acabar sonriendo. ¡Y qué feo eso! A que dejaras de abrazarme. O a que ya no me tocaras ni riñeras por mi enredado pelo. Que dejáramos de ser nosotros y sólo fuéramos cualquier ellos. Miedo a seguir durmiendo juntos y despertar separados. A ya no más contar el tiempo en canciones.
Y fuiste mi milagro porque me despertaste, porque querías que yo nos quisiera, sobre todo a mí. Incluso más que yo. Porque eras lo contrario a lo que decías, y por supuesto, al amor. Y debes saber que a veces a la vida no se le cuelan más milagros. Y que quizás yo también fui el tuyo. Aunque nunca lo creyeras. Puede que los demás no sepan la distancia a la que tienes el corazón, ni lo invisible que parece. Pero yo sí. Igual que hay quien no sabe llegar y sacarnos de golpe todas las sonrisas atrapadas. Aunque quiera. Ni provocar esa sensación de qué sé yo, ese deseo nada sutil e impropio de mí, de querer acurrucarme entre tus brazos y quedarme ahí a vivir. Las veces que sean. Fuimos un milagro. Y los milagros no existen. Aunque a veces a ellos se les escape la vida entre las manos.
Y tú, fuiste, un rato, la mía
17 de noviembre de 2014
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